Suenan tambores de guerra y palomas grises de paz sobrevuelan Venezuela

Factores de poder internacional, animados por el interés geopolítico de ejercer el control de la región y en particular de Venezuela, se han trazado como meta desalojar al gobierno constitucional y cambiarlo por otro, mientras suenan a la vez tambores de guerra en Estados Unidos y Colombia y también intentos de diálogo que pudieran conducir a una salida política.

Insuflados de optimismo por el triunfo del ultraderechista Jair Bolsonaro en Brasil, dirigentes opositores tratan de encontrar un candidato con el mismo perfil fascistoide, pero todos los nombres que se pusieron sobre la mesa tenían en común un gran descrédito ante la ciudadanía. La búsqueda es de un outsider, en el mejor de los casos exmilitar.

La injerencia extranjera, la otra opción, sería sin duda una trasgresión de la legislación internacional, pero en realidad Naciones Unidas ha mostrado holgadamente su escasa capacidad de hacer respetar su propia Carta, mientras desde el exterior se buscan canales de diálogo que conduzcan -tras una reforma constitucional- al llamado a nuevas elecciones, tesis que no satisface a la oposición radical venezolana, que espera que el gobierno le sea entregado por eventuales agresores foráneos.

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El expresidente de Colombia Ernesto Samper advirtió que suenan “tambores de guerra” entre Colombia y Venezuela, por lo que llamó a “desarmar los espíritus” para evitar cualquier conflicto. “Ahora se escuchan tambores de guerra del lado colombiano y del lado venezolano”, señaló Samper durante un foro en Casa de América, en Madrid.

Era un aviso: El presidente de Colombia, Iván Duque, anunció el despliegue de cerca de 5.000 soldados en la convulsa región del Catatumbo, fronteriza con Venezuela, con la excusa de combatir el narcotráfico y los grupos armados ilegales. Y ahora busca la colaboración del electo presidente brasileño Jair Bolsonaro para derrocar a Maduro, aunque éste reiteró que siempre buscará “la vía pacífica para resolver los problemas”.

Pese a las posiciones opositoras radicales del Episcopado, Aldo Giordano, nuncio apostólico en Venezuela, aseguró que la iglesia Católica está dispuesta  a participar en un eventual proceso de negociación en Venezuela. “Siempre estaremos listos a apoyar procesos de reconciliación, procesos de paz”, dijo el embajador vaticano.

Por el momento la mayoría de los observadores descarta una inminente escalada de intervención militar directa, lo que parecieran confirmar las recientes declaraciones del Secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo,  que indican que la actuación externa se mantendrá en el plano de la guerra económica, financiera, sicológica y mediática, confiando en que su aplicación pudiera ser suficiente para alcanzar el objetivo buscado.

“Somos muy conscientes en nuestro patrón de identificación de sanciones”, por lo que pudiera deducirse que estas se incrementarán, aunque no quiso anunciar en qué consistirían: “No quiero revelar lo que haremos mañana”, añadió. Mucho de ellos dependerá de lo que suceda en las elecciones parlamentarias en Estados Unidos.

Para el politólogo Leopoldo Puchi, las palabras de Pompeo (“espero que el pueblo venezolano restaure la democracia en su país. Si ellos eligen a Maduro, bueno,  esa sería la elección de los venezolanos”) pueden interpretarse como el reinicio de negociaciones para celebrar elecciones, a partir de los acuerdos que ya se había avanzado en la República Dominicana, pero que no llegaron a concretarse, precisamente por presiones de Washington.

Para EU los puntos a tratar en estas negociaciones siguen siendo un nuevo Consejo Nacional Electoral, condiciones para el levantamiento de sanciones, y el alcance de una reforma constitucional que facilitaría el llamado a nuevas elecciones. Si no, será muy difícil que sin un acuerdo negociado haya nuevas elecciones presidenciales antes de 2024.

De momento, las cuatro rondas de sanciones económicas estadounidenses (e incluso las europeas) se han dirigido al gobierno y sus funcionarios, pero el secretario de Estado  Mike Pompeo, sugirió que Trump considera sanciones parciales a la producción de crudo y a las aseguradoras que cubren el transporte del crudo. El año pasado, Washington prohibió a bancos de EU conceder créditos a PDVSA, la petrolera estatal venezolana.

Ante la sorpresa de muchos (en especial de la oposición venezolana) Kurt Tidd, almirante y jefe del Comando Sur de Estados Unidos, dijo a comienzos de semana que la solución a la crisis en Venezuela es diplomática y que su país está disponible para ayudar a la región a enfrentar la gestión humanitaria.

Asimismo, varios altos funcionarios de EU admitieron haberse reunido con militares venezolanos que proponían deponer a Maduro, pero finalmente decidieron no apoyar logística o militarmente ningún golpe de Estado, según reveló The New York Times. Dos intentos recientes de derrocar al régimen han fallado: una conspiración militar en mayo y un ataque con drones a Maduro en agosto.

Las continuas amenazas tienen su razón de ser en las elecciones parlamentarias en Estados Unidos, donde los demócratas parecen fortalecidos para alzarse con la mayoría en ambas cámaras. Trump, que había usado a Venezuela como principal blanco, ahora ha encontrado en los migrantes centroamericanos otra excusa para insuflar miedo a los estadounidenses, mientras sus principales opositores eran blanco (Obama y los Clinton entre ellos) de bombas en Nueva York.

¿Misión imposible?

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Jim Tull, experto en resolución de conflictos educado en Harvard, intenta impulsar el diálogo político en una Venezuela polarizada, y cuando EU amenaza con más sanciones y acciones militares para derrocar al presidente Nicolás Maduro. La misión es organizada por el Grupo de Boston, red informal de legisladores estadounidenses y venezolanos de todo el espectro político (demócratas, republicanos, socialistas).

“Hay un alto porcentaje de que se pondrá mucho esfuerzo en esto y nada cambiará en el terreno”, dijo Tull en una entrevista desde Cambridge, Massachusetts. “Pero si involucras a las personas adecuadas y te acercas paso a paso, entonces aumentas dramáticamente las posibilidades de que algo bueno suceda”.

Las reuniones exploratorias fueron organizadas por el senador Bob Corker, presidente republicano del Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense. El propio Maduro fue integrante del Grupo de Boston, cuando era legislador, tras el golpe de estado de 2002.

El diario conservador español ABC señala que el gobierno de EU trabaja en un plan de transición en Venezuela ante la certeza de que la crisis humanitaria que vive el país puede provocar la caída del régimen. Altos funcionarios civiles y militares han aconsejado a Trump que prepare una propuesta de intervención en el país, ante la posibilidad de que la situación devenga pronto en un golpe militar, una revuelta popular o la propuesta de una coalición armada, agrega.

Añade que 11 senadores republicanos y demócratas han elaborado una ley dedicada a preparar a EU para un cambio inminente, con 55 millones en fondos de ayuda y créditos para la reconstrucción de Venezuela. Sus objetivos declarados son «restaurar la ley y la democracia, liberar a los presos políticos, permitir la entrega de ayuda humanitaria y crear las condiciones necesarias para que se celebren unas elecciones libres y democráticas».

Paralelamente, una de las medidas que ya ha tomado Trump es aumentar la presión sobre Cuba, en la convicción que lo único que mantiene a Nicolás Maduro en el poder es «que la inteligencia cubana le ayuda a tener bajo control a los elementos del Estado que están insatisfechos con él y que podrían tomar la iniciativa para deponerle». ABC indica que según Washington, 22 mil cubanos se han infiltrado en las instituciones venezolanas.

La oposición, EU, Colombia

La oposición venezolana pudo haber asumido la política de manera distinta, responsablemente, respetando la Constitución y las instituciones democráticas, pero prefirió tomar el atajo del desconocimiento del Estado de Derecho que la condujo, fatalmente, al grado de postración en el que actualmente se encuentra, señala el exvicepresidente José Vicente Rangel.

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Pero sigue con la batalla mediática: Los partidos Primero Justicia, Voluntad Popular y La Causa R, rechazaron las gestiones del gobierno y repiten los argumentos de Federica Mogherini y el Parlamento Europeo, de que en Venezuela “no existen condiciones para una mediación fructífera que conduzca a la liberación democrática del pueblo venezolano”.

Lo cierto es que no se puede hablar de una nueva posición estadounidense. Ha sido la misma con George Bush, Barack Obama o Donald Trump, tratando de desestabilizar a los gobiernos de la Revolución Bolivariana, tratando de eliminar a sus mandatarios, en la convicción de que cualquiera que no piense igual que ellos debe ser calificado como enemigo.

Jamás apoyaron la apertura de canales de diálogo o presionaron para cerrarlos (como en República Dominicana el año pasado).  Cabe recordar que Bush impulsó el golpe contra Chávez del 11 de abril de 2002; Obama decretó que Venezuela era una amenaza inusual para la seguridad de su país, Trump ataca cada día verbalmente al gobierno venezolano y  sigue amenazando con una invasión armada.

Y hoy tanto la oposición radical (guionada y financiada desde Washington y Bogotá) como el gobierno de Trump están conscientes de que los plazos que ellos anunciaron los obligan a tomar decisiones y que la situación interna del país no les es favorable: la oposición política se ha autodestruido y desactivado, el gobierno sigue contando con el respaldo de las Fuerzas Armadas, pese a intentos de cooptación y sobornos.

Tampoco ayuda a su permanente campaña terrorista y amenazas de invasión, basada en los medios cartelizados, la realidad de un resquebrajamiento del frente externo (incluyendo el Grupo de Lima), pese a las histriónicas apariciones del procónsul Luis Almagro, secretario general de la OEA, a quien seguramente relevará el mexicano Luis Videgaray cuando deje la cancillería mexicana.

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Para John Bolton, el Asesor de Seguridad Nacional de Trump, un impedimento para imponer más sanciones a Venezuela y Cuba son los constantes ataques (suyos y de Trump) a la Corte Penal Internacional, ante la que Argentina, Canadá, Colombia, Chile, Paraguay y Perú han denunciado los crímenes contra la humanidad de Maduro. Varios senadores han aconsejado a la Casa Blanca que se sume a esas demandas, en lugar de boicotear a la Corte.

Pero en esta guerra (de micrófonos y sanciones por ahora), Washington tiene como socio principal al gobierno colombiano, al que financia y arma (EU instaló varias bases militares en territorio colombiano) desde hace más de una década. El presidente de Colombia, Iván Duque, insistió en que su país no tendrá embajador en Venezuela mientras  Maduro sea presidente.

A su vez, la vicepresidente colombiana Marta Lucía Ramírez, responsabilizó a Maduro de cualquier cosa que le suceda a María Corina Machado, autocandidateada a ser “la primera presidenta de la transición”. atacada con golpes y piedras en Upata, estado Bolívar. Machado, viajera frecuente a Washington desde la época de George Bush y coordinadora  de Vente Venezuela, anunció que está “organizando la desobediencia”.

Portavoces de Washington

Diego Arria, exprecandidato presidencial, exministro, exgobernador de Caracas y expresidente del Consejo de Seguridad de la ONU en épocas de Carlos Andrés Pérez, señala que en la medida en que Venezuela sea reconocida como estado promotor del terrorismo y gobernado por narcotraficantes, las posibilidades de una intervención militar extranjera son altísimas.

Y repite el mismo discurso de Trump, señalando que “tiene asentados en su territorio grupos terroristas y narcoterroristas como los disidentes de las FARC, el ELN, factores de Hezbollá que sin la menor duda son un peligro. Es una amenaza cierta para Colombia, que acaba de iniciar un proceso de paz, que los elementos de la violencia estén alojados en Venezuela”. Se está en una fase disuasiva, indica el vocero informal de Washington.

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Habla de una guerra cibernética, de paralizar todo el sistema de comunicaciones que utiliza la Fuerza Armada de Venezuela, interrumpiendo los mecanismos de defensa, los radares, para fraccionar el mando castrense. Pueden interrumpir todo el sistema bancario, añade Arria en entrevista con Juan Carlos Zapata.

Venezuela se ha convertido en la plataforma de penetración rusa y china en el continente, y una plataforma muy rica; riqueza que puede blindar cualquier operación hacia el futuro, indica Arria, y agrega que no puede hacerse nada en Venezuela si  “no se cuenta con los países más afectados, Colombia y en menor medida Brasil”.

Bate los mismos tambores que los guerreristas de Washington y Bogotá. No es nada nuevo. Mientras, María Corina Machado –la valiente “patriota” que se sacó una foto con George Bush- se anuncia como la “primera presidenta de la transición” y sectores oficialistas y opositores, con ayuda de “facilitadores” extranjeros hablan y preparan un nuevo diálogo que facilite una salida política.

Desde el ámbito político-comunicacional, es inminente reconocer el miedo generalizado y el nivel de angustia ante amenazas “políticas”, que nos dibujan una realidad aterradora afectando nuestras defensas y, cual prisión, nos encierra en “un mundo ajeno e ingobernable”, indica la socióloga Maryclén Stelling.

Quizá tenga razón Luis Britto García, el intelectual más reconocido del país, quien señaló en una entrevista en el diario Ciudad CCS, “en Venezuela hay una batalla de falta de ideas”.

*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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